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Democracia, de Pablo Gutiérrez. Seix Barral, 2012

democraciaMarco el desharrapado, Marco el sumiso, Marco el pusilánime, Marco… Y así hasta el infinito. Porque Marco, el protagonista de ‘Democracia’, es un ser más engullido por el derrumbe de Lehman Brothers allá por septiembre de 2008. Él, artista e ingenioso antaño; diseñador de planos más planos que su personalidad después, reacciona de manera única a su despido. Adiós jefe, hola venganza; adiós nómina, hola versos. Porque Marco se inspira en el magnate George Soros para buscar su propia salida. Y así, con fábulas económicas y vitales del propio Soros –convertido aquí en gurú– y hasta de Confucio, Marco se arma de valor y se echa a la calle para llenarla de versos que despiertan conciencias.

Versos y venganza se entrelazan, pues, para alumbrar una nueva vida para Marco. Una vida sin Ibex 35, sin G-8, sin primas de riego. Una nueva vida donde sólo importa un par de galletas con leche y las caricias de una niña que parece poco menos que llovida del cielo. Una nueva vida tan inquebrantable que ni Lehman Brothers puede siquiera aceptar como vida.

“Hay que reventar el ejem Sistema desde abajo, incluso cuando alguien recto y reformista alcanza un pequeño puesto se ve engullido enseguida por el ejem Sistema, así que de nada sirven apaños ni enmiendas, hace falta que todo vuele, que se desplome, lo peor de la crisis no son los estragos, lo peor es que terminará del mismo modo que empezó si en el medio nadie hace nada ralmente sonado, si eso no ocurre no habrá ninguna esperanza de resistencia, hace falta un gesto que despierte la conciencia dormida, una acción brillante y mágica que seduzca y espabile a los demás para que la crisis no se convierta en un mal sueño, resfriado de gigante que, una vez curado, dé paso al verdadero fin de la historia”

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