La Pizarra. La crisis que viene

Revista Alternativas económicas (verano 2026)

En noviembre de 2008, la reina de Inglaterra, durante una visita a la London School of Economics, preguntó a los profesores de Economía cómo no habían sido capaces de prever la crisis financiera que acababa de producirse en la economía occidental. La respuesta de uno de ellos fue que, aunque había indicios sobre los desequilibrios de los mercados, no había sido posible predecir ni el momento del estallido ni la magnitud de la recesión.

Claro que hubo economistas que avisaron sobre el recalentamiento de las economías y sobre los peligros de la burbuja inmobiliaria y financiera, pero en mitad de la fiesta, a nadie le gusta escuchar que la música está muy alta o que a lo mejor estaría bien parar y empezar a recoger y limpiar.

Por si en los próximos años la reina Leticia se acerca al departamento de mi instituto, dejo aquí escrito que una nueva crisis se avecina en la economía mundial. Es más, voy a dejar tinta sobre papel (o píxel sobre pantalla si lees la versión digital), que en torno al 2033 se van a volver a encender las alarmas de la crisis económica, veremos que los telediarios abren de nuevo con noticias de la prima de riesgo y crecerá el interés por la economía y por las alternativas a un sistema que la mayoría pensará que es necesario refundar.

Actualmente la situación de la economía mundial se podría decir que es todavía más tensa que a principios de siglo. No es solo que se haya seguido cebando la hipertrofia financiera y el endeudamiento de todos los agentes económicos (¡ojo! también en China), sino que en el panorama actual existen amenazas añadidas como la incertidumbre geopolítica, el ascenso de gobiernos ultras sin interés por la dimensión global de la economía, el pico del petróleo y la crisis energética, las crecientes amenazas derivadas del cambio climático y del resto de desequilibrios ecológicos, etc. Y todo ello, junto a esos pequeños problemillas “menores” estructurales en el sistema capitalista como son la desigualdad, la pobreza, el acceso a la vivienda, la crisis de valores, etc.

“Profe, menudo panorama más pesimista nos muestras, menos mal que nos vamos ya de vacaciones”. Bueno, no es nada nuevo, los ciclos económicos nos acompañan a lo largo de la Historia, aunque es cierto que la adicción al crecimiento económico de nuestro sistema está haciendo cada vez más peligroso su devenir y más incierto el futuro. No obstante, a lo mejor detrás de la próxima crisis se esconda una nueva realidad mejor… Y aquí, de nuevo, José Luis Sampedro: “Cuantos más motivos hay para el pesimismo, más razones se necesitan para la esperanza”. Disfrutad del verano. Yo voy a guardar este artículo para, dentro de siete años, poder decir: “Ya os lo había dicho yo”.

Lectura:

Las políticas económicas del emperador. Había una vez un emperador que contrató a dos truhanes que se hacían pasar por asesores económicos y que aseguraban que sabían «tejer» las más maravillosas recetas económicas que, no solamente eran eficientes, sino que poseían la virtud de ser invisibles e incomprensibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.

Los dos embaucadores estuvieron haciendo que trabajaban activamente en la comprobación de las hipótesis. Simularon introducir diversos escenarios y dijeron: ¡Por fin, esto está listo! Aquí tienen las políticas requeridas. Las ideas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no aportar nada relevante a la sociedad, mas precisamente esto es lo bueno de estas teorías. ¿Quiere dignarse Vuestra Majestad a explicar a todo el pueblo el nuevo paquete de medidas económicas que se van a poner en marcha? Los ayudas de cámara se encargaron de sostener el micrófono y el proyector con la nueva política económica, mientras el gentío, desde la calle y las pantallas, decía: ¡Qué maravillosas ideas! ¡No hay otra alternativa!, comentaron algunos catedráticos y un montón de consejeros de grandes empresas. Nadie quería que los demás se diesen cuenta de que nada veían, para no ser tenidos por incapaces o por estúpidos.

¡Pero si no está aportando nada! Esto va a acelerar más aún la crisis, exclamó de pronto un niño. ¡Pues es verdad! ¡No aporta nada!, empezó a gritar mucha gente. Aquello inquietó al emperador, pues barruntaba que tenían razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el final». Y siguió más altivo que antes aclamando la falta de conocimientos del populacho ante tan impecables medidas. Y así, los ayudas de cámara, los ministros y los tertulianos continuaron sosteniendo las inexistentes medidas económicas e incluso, para evitar refutación posible, fueron premiadas con el Nobel de Economía.

Para saber más:

La gran apuesta. Adam McKay (EE. UU., 2015). Basada en el libro de Michael Lewis que trataba hechos reales, esta película cuenta la historia de algunos de los primeros inversores que entre 2007 y 2008 se percataron de que la economía, basada en un castillo de naipes de activos y derivados financieros complejos, estaba a punto de venirse abajo. Eso sí, no lo hicieron para prevenir el desastre, sino que aprovecharon para “apostar” a favor del derrumbe de la economía mundial.

¡Siempre el dinero! Una novelita sobre economía. Hans Magnus Enzensberger (Anagrama, 2016).Para este verano habrá que recordar las lecciones que la tía Fé da a sus sobrinos:«Da lo mismo que hablemos de crecimiento económico, de capital, de precios, de alquileres o de número de habitantes. Cualquier cosa que crezca un 7% anual, termina duplicándose al cabo de 10 años. ¿Y sigue creciendo así eternamente? Estaría bien. Pero no, por desgracia, o gracias a Dios, eso es imposible. Tarde o temprano el crecimiento se trunca y empieza a revertirse. Y entonces, cuando las cifras se encogen, termina el sueño».

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